El sector del automóvil está sujeto a una regulación cada vez más estricta

Si en anteriores post hacíamos mención que las ventas de automóviles marchaban a buen ritmo a nivel mundial, salvo con alguna excepción que dependía de la situación social y económica de los países analizados por el Observatorio Cetelem, ahora nos vamos a centrar en un factor que supone, o puede suponer, un freno. Esto es, una regulación cada vez más estricta.

Según el estudio Auto 2017, la presión no sólo económica, se junta con una presión normativa menos visible pero fuerte sobre el sector del automóvil en cuanto a seguridad, prevención y toma de conciencia social se refiere. ¿De qué estamos hablando?

A pesar de los avances en cuanto a seguridad y las bajas estadísticas de mortalidad en la carretera (comparados con periodos anteriores), los costes humanos de los accidentes en coche son cada vez menos tolerados por la población. Además, estamos inmersos en una sociedad para la que los momentos de ocio-placer y los de trabajo-productividad son importantes, por lo que es difícil aceptar la congestión en las carreteras y las horas perdidas en las caravanas.

Y a la siniestralidad y pérdida de tiempo en los desplazamientos se junta además una mayor concienciación sobre el cambio climático y la contaminación atmosférica, por lo que hay un gran número de personas que señalan al coche como la principal fuente de emisiones nocivas en las ciudades.

El sector del automóvil está sujeto a una regulación cada vez más estricta

Coches en las ciudades sí, coches en las ciudades no

La importancia de estos factores está abriendo un dilema en las autoridades pública. Por una parte, en muchos países no se puede ignorar la importancia económica de un sector que emplea a millones de personas. Y es por este motivo por lo que se ofrecen programas de inversión estatal, subvenciones, planes u otras ventajas fiscales que sostienen el sector automovilístico cuando se encuentra en dificultad. Pero, por otro lado, tampoco se puede ignorar cuestiones como el cambio climático que hace que, a menudo, se tomen medidas a nivel local para restringir el uso del automóvil.

Un ejemplo de estas medidas las podemos encontrar en China, donde cada vez son más numerosas las ciudades importantes que están poniendo límites en las ventas de automóviles nuevos mediante el establecimiento de cuotas. Es el caso de Shanghái donde se subastan 100.000 matrículas cada año. Un número que hace que los precios puedan subir tanto que se conviertan en disuasorios. Sin embargo, también hay una manera de evitarlo si se compra un vehículo eléctrico. Por su parte, en Tokio no es posible comprar un coche si no se tiene una plaza de aparcamiento.

Además, los vehículos diésel también están teniendo problemas en la mayoría de las grandes ciudades europeas y chinas con las zonas de baja emisión existentes. En este sentido, el informe destaca a París cuyas autoridades están planeando prohibir, en 2020, este tipo de vehículos.

En otros países se intenta limitar la circulación de coches con la circulación alterna. A modo de ejemplo, en China y en Brasil se ha instaurado según los días de la semana, o en las horas punta, en función de la matrícula. Una medida que ya conocemos en España, recordamos el caso de Madrid cuando los niveles de contaminación son muy elevados.

Más ejemplos de presión sobre el sector automovilístico, y también en el bolsillo de los ciudadanos, son los peajes urbanos existentes en Londres, Milán, y seguramente un día en Beijing y en San Francisco. Su objetivo es la regulación del tráfico y generar medios para financiar el mantenimiento de las infraestructuras. Y también afectan económicamente a los conductores las vías exprés urbanas, que se pueden encontrar en Tokio y en varias ciudades norteamericanas. En ellas se paga, a menos que viajen dos o tres ocupantes en el vehículo.

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