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Claves para cuidar el sentido de la vista: detección y prevención

14 marzo, 2019

El dato es de los que invita a pensar: el 80% de la información que recibe un ser humano lo hacer a través del sentido de la vista. Quizás esa sea una de las razones por las que solemos visitar la óptica. Las revisiones oculares deberían ser práctica común para el más común de los mortales, se hayan notado o no algún tipo de deficiencias en el día a día.

Los ‘viajes’ a las ópticas se están convirtiendo en moneda de cambio común para cada día más parte de la población. Los nuevos hábitos de vida tienen mucho que ver con este cambio surgido durante los últimos años.

Por ejemplo, diferentes estudios han puesto de manifiesto que, si un niño se pasa muchas horas del día jugando con la tablet o el teléfono móvil, dejando de lado los juegos al aire libre, tiene una gran probabilidad de que sea miope. De ahí que el examen visual, desde edades tempranas, sea imprescindible para detectar enfermedades oculares.

Según el Observatorio Cetelem de Óptica y Audiología, son los mayores de 45 años los que más productos de óptica compran. ¿Dónde? Ahí los datos demuestran que las ópticas tradicionales, las del barrio, por decirlo así, son las preferidas. Un cliente de una óptica suele serlo de por vida. ¿Por qué?

El precio, la atención del vendedor, y la calidad del producto son las tres características que priman a la hora de decantarnos por un establecimiento u otro. Esta es otra de las señas de identidad recogidas en el Observatorio Cetelem.

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Afectados por glaucoma en España

Miopía o astigmatismo son dos de los términos que normalmente asimilamos con algún tipo de enfermedad visual, entre otras razones, porque son las más comunes. Pero hay otras que podríamos considerar como más dañinas ya que algunas de ellas podrían, incluso, llegar a causar pérdida de la visión permanente.

Una de ellas es el conocido como glaucoma, que provoca un daño progresivo del nervio óptico lo que conlleva una disminución del campo visual. Se caracteriza por la pérdida de visión periférica y, en determinadas ocasiones, también central.

Asimismo, se trata de una enfermedad que no suele dar síntomas y que sólo se puede diagnosticar con una exploración oftalmológica. En España, por ejemplo, afecta a un millón de personas.

¿Todas ellas saben que tienen glaucoma? Por desgracia, la mitad de ellos, no. Es decir, que medio millón de personas están sin diagnosticar. La razón es bien sencilla: se trata de una enfermedad asintomática en sus inicios. Por tanto, no produce dolor ni pérdida brusca de visión, ni otros síntomas que pongan en alerta a la persona afectada.

Además, en los primeros momentos, el cerebro actúa de una manera particular, compensando el déficit de visión. Por esta ‘trampa’ de nuestro cerebro, el paciente no se da cuenta de que está perdiendo su capacidad visual.

No siempre es así. Existen variantes del glaucoma que no ‘engañan’ al cerebro, sino que se demuestran en etapas iniciales a través de visión borrosa o dolor.

Otro dato estremecedor es que, de esas 500.000 personas sin diagnosticar por glaucoma, podrían sufrir ceguera total unas 25.000, según estimaciones de la Asociación de Glaucoma para Afectados y Familiares (Agaf).

Segmentos de edad más afectados

Cuando hablamos de ceguera, el glaucoma es la segunda causa más común en el mundo. ¿Quiénes son las personas más afectadas? Normalmente son aquellas que tienen más de 60 años.

Sin embargo, y aunque habitualmente se asocia con la vejez, según Agaf, sólo un doce por ciento de los mayores de 70 años la padece. ¿Cuál es la ‘ventaja’ que tienen estas personas? Que la degeneración no avanza con la suficiente rapidez en ellos, por lo que está enfermedad neurodegenerativa no acaba en ceguera.

Todo lo contrario sucede con el perfil de edad más joven. En este caso, sí puede dar lugar a ceguera ya que, por norma, suele ser bastante más agresivo y suele avanzar con una rapidez inusual.

¿En qué franja de edad se suele producir un mayor número de diagnósticos de glaucoma? Básicamente entre aquellas personas que están entre los 50 y los 60 años. Sea como sea, la prevención es fundamental. Con una buena prevención, la enfermedad evolucionará de forma mucho más lenta.

¿Y qué recomiendan los oftalmólogos? Revisiones periódicas de la visión. Todo el mundo. Pero si hay antecedentes de glaucoma en la familia, o de alta miopía, o hipertensión ocular, dichas revisiones deben ser anuales. Una práctica que también deberían poner en práctica cualquier persona mayor de 40 años.

Si la enfermedad está ahí, como ya se ha dicho, el paciente no va a recuperar la visión perdida. Pero con un diagnóstico precoz lo que se pretende es que la enfermedad ocular no vaya a más, evitando de esta manera daños adicionales. Se trata de que no avance más. El diagnóstico preventivo es el factor clave para detener el proceso.

Llegados a este punto, hay un dato que pone los pelos de punta: el 4% de los pacientes con glaucoma no cumple sus tratamientos. También son muchas las personas que no acuden a las revisiones prescritas con su oftalmólogo.

Realizar todas las revisiones pertinentes, y seguir al pie de la letra las indicaciones de los médicos harán posible poner freno a esta patología y evitar la ceguera. Si no, el paciente estará jugando a su particular ‘ruleta rusa’.

¿Qué tratamientos son los más habituales una vez detectado el glaucoma? El espectro es de lo más variado: desde la aplicación de colirios, pasando por la colocación de válvulas especiales, el tratamiento con láser Argón, hasta la intervención quirúrgica.

Con el tratamiento con gotas, lo que se pretende es disminuir la producción de humor acuoso y aumentar y favorecer el drenaje del glaucoma. La cirugía, por su parte, abarca desde sencillos tratamientos con láser, o la implantación de dispositivos de drenaje. En el caso de los tratamientos farmacológicos, existen diferentes tipos de medicamentos antiglaucomatosos dependiendo de su mecanismo de ación.

Antes de llegar a ellos, el oftalmólogo llevará a cabo un diagnóstico en el que evaluará la forma y el color del nervio óptico, el campo visual completo, el espesor corneal y la presión intraocular.

Para determinar la existencia de un glaucoma, el médico oftalmólogo podrá realizar diferentes pruebas de evaluación. Las más comunes son la medición de la presión del ojo (tonometría), prueba de visión lateral o periférica (campimetría), inspección del ángulo de drenaje del ojo (gonioscopia), inspección del nervio óptico (oftalmoscopia), y medición del grosor de la córnea (paquimetría).

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Factores de riesgo

No hay un único factor de riesgo que determine la aparición del glaucoma en una persona. Son varios, y de diferente calado. Abarcan desde la edad, la raza, el grosor de la córnea, los antecedentes familiares o la existencia de miopía.

Según datos recogidos por Agaf, el glaucoma es la causa principal de ceguera entre los afroamericanos. En concreto, son entre seis y ocho veces más comunes en ellos que en los caucásicos.

Por otra parte, las personas de ascendencia asiática parecen tener cierto riesgo de sufrir el glaucoma denominado como de ángulo cerrado. Este tipo de glaucoma suele representar menos del 10% del total de casos diagnosticados.

Siguiendo con las estadísticas de Agaf, a los 60 años las posibilidades de contraer glaucoma se multiplican por seis. Como dato, subrayar que el riesgo para la población hispana mayor de 60 años es mayor que los de ascendencia predominantemente europea.

El más común de todos los glaucomas, el llamado de ángulo abierto, es hereditario. La historia familiar, según Agaf, aumenta el riesgo de glaucoma entre cuatro y nueve veces.

También hay estudios que vinculan el uso de esteroides con el glaucoma, las lesiones en el ojo pueden llevar a ser una causa secundaria de glaucoma de ángulo abierto, y una alta miopía o un espesor corneal central de menos de 0,5 mm son factores de riesgo que tienen que ver con la morfología del ojo. Por último, la diabetes y la hipertensión son factores de riesgo.

Eso sí, sobre el único factor sobre el que se puede actuar es la presión intraocular. Por eso, debe evaluarse en cada paciente para así detener el progresivo avance de la enfermedad.

Tipos de glaucoma

Anteriormente hemos hecho mención al glaucoma de ángulo abierto o de ángulo cerrado. Esta distinción se lleva a cabo según es la apertura del denominado como ángulo iridocorneal. El primero afecta al nervio óptico, lleva a una pérdida progresiva de la visión, y a veces es hereditaria o relacionada con la edad. Según Agaf, “se produce un aumento en la presión del ojo por existir un daño en la estructura por la que se elimina el humor acuoso, líquido que es producido por el propio ojo y que es necesario para el bienestar del mismo”.

El segundo, de ángulo cerrado, se trata de una patología en la que se produce un aumento brusco y muy importante de la presión del ojo. En este caso, lo importante es el tratamiento precoz para bajar la presión del ojo.

Además de estos dos tipos, y según su origen, están los glaucomas primario y secundario; y según su momento de aparición, tenemos el glaucoma congénito, infantil, juvenil y adulto.

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