Ciclismo Bicicleta Customiza

Customiza una bici: los infinitos «Extras» del ciclismo

20 diciembre, 2018

Sanas, simples, prácticas… pero no desnudas. El hito ya se cumplió: en España se venden más bicicletas que vehículos a motor.

La bicicleta, su uso, ha trascendido de la práctica deportiva para pasar al terreno de la movilidad.

Ese paso supone un salto de calidad en la perspectiva económica del sector de la bicicleta.

La bicicleta es sana, práctica, simple, pero eso no quiere decir que no entre en un ámbito del consumo especialmente interesante: el de los extras de una bicicleta.

Montar en bici es el hábito deportivo más extendido entre los españoles.

De acuerdo a la Encuesta de Hábitos Deportivos, pedalear es el deporte que más se practica en España.

Casi un 39% de la población de nuestro país monta habitualmente en bicicleta.

Si a esto unimos las restricciones de circulación y el cambio de costumbres en la movilidad urbana, nos encontramos que el enfoque sobre el uso de la bicicleta está yendo más allá de la mera práctica deportiva para entrar en la movilidad, compitiendo con sectores tradicionales del motor como es el de las motocicletas de baja cilindrada.

Pocos dejarán de usar una BMW de carretera a cambio de una bicicleta, pero sí cambiarán el scooter de 50 centímetros cúbicos por algún tipo de bicicleta eléctrica.

El dato es elocuente. Los fabricantes de bicicletas apreciaron una evolución clara en 2017 sobre la venta de estos vehículos de dos ruedas: creció la venta de bicicleta de carretera un 20%, pero sobre todo creció la venta de bicicletas eléctricas un 65%.

Si ir en dos ruedas, con o sin apoyo de un pequeño motor eléctrico entra en el gran mercado de los usos y costumbres diarios de los españoles, estas bicicletas difícilmente se quedarán en la mera estructura de tubos de aluminio o carbono, ruedas y frenos.

La personalización de cada bicicleta se ha convertido ya en un hábito de consumo.

Consumo Bicicletas

Los extras que se le pueden colocar a la estructura original de una bicicleta pueden encarecer hasta un 200% en precio original de este objeto.

La customización de una bicicleta

Siempre ha habido un margen amplio de customización de una bicicleta para los usuarios avanzados de las mismas.

Los deportistas con nivel de experiencia alto siempre han tenido una tendencia a evolucionar las máquinas que les llegan de fábrica, por muy sofisticadas que éstas sean.

Todo esto ha generado un sector económico por sí mismo, asociado al de los fabricantes de bicicletas.

En la pasada feria de la bicicleta de Madrid, Unibike, celebrada en el recinto ferial de IFEMA, hubo cerca de 500 marcas exponiendo.

Mayoritariamente eran fabricantes de bicicletas, pero se incrementó el de expositores que ofrecían extras de la más variada índole a los ciclistas.

Tanto a los de uso deportivo como a los de utilizan esta máquina como una alternativa de movilidad.

Pedales, primer extra a elegir

De entrada, generalmente las bicicletas de nivel avanzado llegan de fábrica paradójicamente sin pedales con los que pedalear.

La elección de pedal y los sistemas de enganche a los mismos abren un abanico que oscila también en precios hasta cifras altas, cercanas a los 500 euros para los sistemas más sofisticados.

Es decir, el primer extra generalmente en una bicicleta, es el mismo soporte sobre el que pedalear.

En el uso de movilidad la panoplia de opciones es más pequeño. Se trata de elegir pedales más ligeros o menos, con reflectantes de seguridad.

En el caso de las de uso deportivo, hay que comenzar por elegir el tipo de enganche –varios patentados por una marca de pedales, como ocurre singularmente en el caso de Shimano o Loock– y desde ahí pasar de los materiales más simples (y, por lo tanto, pesados), a las aleaciones más avanzadas que combinan dureza y resistencia con ligereza, donde entran los compuestos de carbono.

Los pedales son solo el primero de los componentes que se le pueden añadir a los diseños que llegan de fábrica, los extras de una bicicleta, al igual que los tienen los coches.

Ruedas, segundo componente importante a escoger

Los más expertos pueden elegir incluso el tipo de componente que llevarán sus ruedas y rodamientos.

En cuanto a los neumáticos, la elección es si se tratará de ruedas con cámara o bien con tubular.

Los segundos mejoran el rendimiento y son más deportivos, pero también más sensibles y propensos a los temidos pinchazos.

En cuanto a los pinchazos, el mercado también se ha adaptado a las necesidades del usuario.

En este sentido, proliferan los sistemas de protección de las ruedas a muy bajo precio, sprays que se mezclan con el aire de la rueda y forman una película protectora que defiende a las cámaras de objetos punzantes que amarguen una sesión de bicicleta.

EL Sillín, el extra más demandado

El sillín es, en muchas ocasiones, en realidad un potro de tortura para el ciclista, sobre todo para el ocasional.

Pocos usuarios de bicicleta dejan el sillín que llega de fábrica tras unos cuantos usos.

Los más deportivos suelen ser los más duros, paradójicamente.

La importancia del sillín es tal, que los ciclistas profesionales no solo se los hacen a medida, sino que suelen “migrarlos” y llevárselos de una bicicleta a otra cuando tienen que cambiarla (eso sí, nunca en competición, donde los segundos cuentan).

Los sillines más básicos cuestan en torno a los 20 euros, pero los más sofisticados pueden alcanzar los 200 y 300 euros, de marcas muy especializadas.

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Alberto Martínez, vendedor de bicicletas de alto standing, explica que “la tendencia en hombres son los sillines con protección prostática. Las mujeres buscan mayor protección con compuestos a base de gel y neopreno”.

El mercado, que está atento a casi cada necesidad del consumidor, ha desarrollado incluso un complemento que se vende en casi todos los comercios de bicicletas, que son fundas de gel que se colocan sobre el sillín que vino de fábrica.

Último extra: los frenos

Frenos convencionales de zapata, frenos de disco.

Sí, es la penúltima innovación tecnológica de la bicicleta. Los frenos tradicionales consisten en dos zapatas que presionan el interior de la rueda y frenan la velocidad.

Pero la tecnología saltó del motor a la tracción humana y llegaron los frenos de disco a la bicicleta.

Son enormemente demandados por los ciclistas, incluso los más ocasionales, por la seguridad de frenada y precisión.

Pero curiosamente ha costado mucho que entraran en el pelotón profesional, donde lo hacen con cuentagotas.

Lo paradójico que muchos profesionales usan el freno de disco en entrenamientos, pero no en competición.

Unos frenos de disco con los que equipar tu bicicleta puede suponer incrementar el precio de la misma en unos 60 a 100 euros.

Puede venir de fábrica, pero es posible añadirlos como un “extra” más.

Pedalear fácil con tecnología

El mundo de los cambios y los grupos en las relaciones de marchas es todo un universo en el caso de los usuarios de bicicleta.

Tanto los componentes (carbono, aluminio, o bien otras aleaciones), como el diseño de los mismos abren un abanico de precios casi infinito.

Las últimas innovaciones son los cambios electrónicos, que se alimentan con una pequeña pila sin apenas peso.

El cambio desde el manillar es preciso, exacto y evita las engorrosas averías que suponen las salidas de las cadenas por los cambios mal ejecutados, que además pueden ser peligrosas y provocar caídas.

Un grupo sencillo de bicicleta puede suponer unos 60 euros. Uno sofisticado se puede elevar hasta los 1.500 euros.

La electrónica en la bicicleta

Los salpicaderos de los coches modernos están dominados por las pantallas.

Medidores digitales e indicadores con grafismos complejos dirigen y apoyan la conducción, camino de los coches autónomos y la conducción asistida.

Una bicicleta es un instrumento ligero y austero por su propia definición, pero eso no quiere decir que esta tendencia no se haya trasladado a los manillares de las bicicletas.

Se trata tanto de mejorar el rendimiento como de medirlo y dar asistencia en ruta al ciclista.

El mundo del GPS ha entrado en los pedales y hay varias marcas especializadas que son realmente un ordenador a bordo capaz de parametrizar cada cosa que pasa en la ruta.

La frecuencia de pedaleo, la cardiaca (muy importante para no pagar los excesos de ardor en la práctica deportiva), el equilibrio y proporción de esfuerzo en cada pierna, temperatura, desniveles, recorrido, calorías consumidas, proporción de grasas, velocidades, aceleraciones, desniveles, asistencia en la ruta, mapas

Los pequeños computadores de bicicleta dan casi cada parámetro. Suponen por lo tanto una atractiva inversión, pero también considerable.

Hay opciones de muñeca (relojes con cientos de posibilidades extra) y también acoplables al manillar.

Para el consumidor deportista poco frecuente hay opciones más económicas, algunas no llegan a los 100 euros y se pueden encontrar incluso en las tiendas de deportes de gran consumo barato.

Las más sofisticadas se acercan a los 1.000 euros, de marcas de gran prestigio y desarrollo tecnológico en la navegación por satélite, como Garmin o Polar.

Motores que se ven y que no

Una cosa son las bicicletas eléctricas, otra la entrada de la electricidad en las bicicletas.

Las bicicletas eléctricas son fácilmente identificables. Tienen una voluminosa batería –ligera, ya que el peso está altamente penalizado en las bicicletas– y mecanismos de transmisión mecánica de la potencia a los ejes tractores de la rueda, siempre el trasero.

Si alguien quisiera acoplar un motor eléctrico a una bicicleta, estos dispositivos tienen precios que oscilan entre los 300 y los 500 euros.

Lo más práctico sin duda es hacerse directamente con una bicicleta eléctrica.

En estos dispositivos urbanos, claramente enfocados a la movilidad en el torno de una población, los extras suelen estar dirigidos a la comodidad en el uso diario: soportes para maletines, cestas para la compra y objetos en esta línea.

Sin embargo, hay formas más sibilinas de motorizar una bicicleta. Se trata de pequeños motores que se colocan disimulados en las ruedas traseras de las bicicletas, tanto de montaña como de carretera, con una autonomía de 50 o 60 kilómetros, que suponen una ayuda en momentos de gran dificultad.

Generalmente tienen limitada la velocidad a 50-55 kilómetros por hora, y están pensados sobre todo para facilitar al ciclista amateur la ascensión de rampas y puertos.

No son nada baratos. Un sistema bueno puede valer hasta 2.000 euros, si bien los hay más convencionales que tiene un precio más moderado, cercano a los 1.000.

Están indicados para aficionados de las rutas de carretera que necesitan algún tipo de apoyo en los momentos de máxima dificultad.

Están absolutamente prohibidos en competición, aunque la sospecha de su uso –como la del doping– está extendida.

Tal es la sospecha, que es fácil ver las motos de comisarios de la UCI, con cámaras térmicas a bordo, inspeccionando en carreras como el Tour o La Vuelta las bicicletas de los profesionales, escudriñando motores ocultos en los tubos de las bicicletas.

Eddie Merkx es uno de los mitos vivientes del ciclismo. Apodado “el caníbal”, ganó cinco Tours y su voracidad competitiva era insaciable.

Hoy, con 73 años, sigue pedaleando por las carreteras de Flandes y Francia. Mermado físicamente por la edad, no se resigna y sigue subiendo puertos colosales como aquellos sobre los que reinó en su día.

Eso sí, lleva el apoyo de uno de estos pequeños motores. Porque una bicicleta es algo más que dos ruedas y dos pedales.

Las posibilidades a bordo de ellas son casi infinitas. Y las posibilidades de hacérsela a medida con infinidad de extras y gadgets, también. Luego ya es cuestión de disfrutarla sanamente.

Sube la venta de bicicletas y accesorios

La pujanza de las bicicletas como un elemento de movilidad ha elevado la venta de las mismas en la última década: desde 2009 se ha incrementado un 40%, según la Asociación de Marcas del Sector del Ciclismo (AMBE).

El sector de la bicicleta facturó el año pasado 1.623 millones de euros, un 5% más que un año antes.

Casi el 80% de los amantes de este medio de transporte eligen las tiendas físicas para adquirir una bicicleta o los complementos y extras que la rodean, aunque el comercio electrónico sigue comiendo terreno al offline y el año pasado hasta el 19% de los consumidores reconocieron haber adquirido algún producto relacionado con el ciclismo por los canales digitales.

Los productos más comprados por internet son textiles, bicicletas, cascos, calzado y herramientas, según el ‘Observatorio Cetelem Consumo España 2018. El nuevo consumidor español’.

En cuanto a desembolso, los españoles gastan una media al año de 261 euros en productos relacionados con el ciclismo, 5 euros más que en 2017.

Las bicicletas suponen el mayor gasto con una media de 438 euros, mientras que el calzado y las herramientas, también suben al podio de los vencedores con 145 y 138 euros, respectivamente.

Hasta el 13% de los consumidores eligen financiar la compra de la bicicleta o los accesorios.

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El método por excelencia es la tarjeta revolving, aquella que fija el abono de una cuota mensual con intereses, aunque casi un tercio opta por pedir un crédito en el punto de venta y el 2%, por solicitárselo a su entidad.

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