Entrevista a Marta Blázquez, Presidenta de FACONAUTO
¿Cómo resumirías estos años como presidenta de Faconauto y reciente vicepresidenta de Cepyme?
Han sido años muy intensos, de muchísimo aprendizaje y también de una gran responsabilidad. Me ha tocado estar al frente de Faconauto en una etapa especialmente compleja para el sector, marcada por crisis encadenadas, cambios tecnológicos muy profundos y un nivel de incertidumbre que ha exigido mucha capacidad de reacción por parte de los concesionarios.
Pero, al mismo tiempo, han sido años en los que se ha hecho más evidente que nunca la fortaleza de nuestra red y de estar unidos en su patronal. Los concesionarios han demostrado una enorme capacidad para adaptarse, para seguir cerca del cliente y para sostener actividad económica y empleo en todo el territorio. Y eso es algo que, como organización, hemos querido poner en valor de forma constante.
Desde Faconauto hemos trabajado con una idea muy clara: la prioridad ha sido recuperar el mercado para paliar la pérdida de 1,8 millones de unidades que hemos dejado de matricular desde la pandemia. Y el resultado se ha empezado a ver el año pasado, gracias en gran medida a los planes de renovación del parque que hemos trabajado especialmente con las comunidades autónomas. En paralelo, nuestra pretensión ha sido acompañar al sector en su transformación.
Mi llegada a Cepyme refuerza además esa convicción. Al final, muchos de los retos que vive la distribución de automoción son también los que afrontan hoy las pymes españolas: necesidad de estabilidad, de competitividad, de menos costes fiscales y laborales, y de un entorno que permita invertir y planificar.
El Congreso Faconauto 2026 se ha celebrado recientemente bajo el lema #TúDecides. ¿Con qué sensación te quedas?
Me quedo con la sensación de que el sector ha entrado en una nueva etapa. Después de años muy exigentes, el Congreso nos ha dejado una imagen de un sector más fuerte, donde las redes son esenciales por su vinculación con los clientes.
El lema, #TúDecides, resumía muy bien una idea central para nosotros: la transición del sector no puede hacerse de espaldas al mercado. Al final, quien decide es el cliente, y eso obliga a acompasar cualquier transformación a su realidad, a su capacidad de compra, a sus necesidades y a su confianza.
Creo que ese ha sido uno de los grandes mensajes del Congreso: hay ambición de cambio, pero también hay una llamada al realismo. La automoción necesita avanzar, sin duda, pero hacerlo de forma ordenada, con seguridad jurídica, con un marco previsible y con políticas que ayuden de verdad a que esa transformación llegue al mercado.
El año 2025 supuso un punto de inflexión en el sector de la automoción. ¿Qué dirías que necesita el sector para seguir esa evolución positiva y qué papel juegan los concesionarios?
2025 fue un punto de inflexión porque confirmó que el mercado empezaba a recuperar tracción. Pero ahora la cuestión no es tanto crecer un solo año, sino consolidar esa recuperación y darle continuidad.
Para ello, son clave tres elementos: estabilidad regulatoria, medidas eficaces que estimulen la demanda y una visión de largo plazo con compromisos públicos.
Venimos de años en los que el mercado ha estado claramente por debajo de su potencial, y eso sigue teniendo consecuencias. Una de las más visibles es el envejecimiento del parque, que en España se sitúa ya en una media de 14,6 años. Ese dato no solo habla de antigüedad; habla también de menor eficiencia, de más emisiones, de menor seguridad y de una mayor vulnerabilidad de muchas familias y empresas ante cualquier tensión energética o económica.
Por eso, desde Faconauto insistimos tanto en la necesidad de renovar el parque. No es solo una cuestión medioambiental. Es también una política de ahorro, social, de competitividad y de modernización.
¿Cómo crees que va a impactar la reciente situación geopolítica actual en el sector de la automoción y en diferentes mercados asociados?
La automoción es un sector especialmente expuesto al contexto internacional, porque depende de la energía, de las cadenas de suministro, del comercio y, por supuesto, de la confianza. Por eso, cada episodio de tensión geopolítica añade incertidumbre y obliga a mirar con prudencia su evolución.
A corto plazo, hoy no vemos razones para alterar de manera sustancial las previsiones, salvo que esa situación derive en una escalada más severa y se alargue en demasía. Pero sí creemos que este contexto vuelve a poner de relieve una idea de fondo: la automoción necesita un gran pacto para sortear todas estas amenazas.
Lo que sí se está evidenciando es que las energías renovables, el coche eléctrico, los biocombustibles y en general las inversiones que se están haciendo, nos preparan mejor y nos hacen menos vulnerables en estos momentos de crisis.
¿Cómo crees que evolucionará el sector de la automoción en los próximos años? ¿Cuáles son los principales retos a los que os enfrentáis los actores del mercado?
El sector va a seguir avanzando en grandes tendencias que ya están plenamente en marcha: electrificación, conectividad y nuevos modelos de relación con el cliente y con la movilidad. Esa transformación no tiene vuelta atrás. La cuestión está en cómo se articula y a qué ritmo se hace posible.
Hay varios desafíos muy claros. Uno es la renovación del parque, que sigue siendo una prioridad estructural. Otro es disponer de infraestructuras suficientes para acelerar la electrificación y condiciones de uso que generen confianza en el consumidor. También
será muy importante seguir avanzando en la formación y atracción de talento, porque el sector está cambiando y necesita nuevos perfiles profesionales. Y, por supuesto, sigue siendo esencial contar con un marco regulatorio estable que permita invertir con horizonte.